Líneas de investigación

Estamos interesados en descifrar los principios generales que regulan el crecimiento dentro del órgano, entre órganos y a nivel del organismo, y cómo la interrupción de estas regulaciones conducen al cáncer. Aprovechamos las poderosas herramientas genéticas de la mosca de la fruta, Drosophila melanogaster, para abordar estas preguntas. La precisión de dicho control del crecimiento se ilustra bien en la simetría bilateral. Piensen, por ejemplo, en cómo las dos mitades de un rostro humano o las alas de un insecto alcanzan un tamaño y forma que coincide perfectamente, aunque cada parte crezca por separado. Esa precisión es sorprendente si se considera el ruido de la expresión génica, las perturbaciones ambientales inevitables, los errores en el desarrollo y el impacto de las mutaciones. Nuestro grupo descubrió que el grado de simetría o asimetría bilateral de un organismo refleja no solo la vulnerabilidad de los procesos de crecimiento y desarrollo a tales perturbaciones, sino además la alteración de mecanismos que amortiguan tal variación. Nuestro laboratorio descubrió que la corrección de esa variación en el crecimiento requiere extensa comunicación órgano-órgano y órgano-cerebro mediada por una hormona de la familia de las relaxinas (Ilp8) y su receptor Lgr3 expresado en el SNC. Además de este control de orden superior del crecimiento, la comunicación célula-célula y la comunicación célula cancerosa-huésped son importantes tanto en la prevención como en el inicio y la progresión del cáncer. Esta comunicación está mediada por hormonas y las vías de señalización como las vías de Notch, PI3K/AKT/PTEN y JAK/SAT. Los principales hallazgos en esta área son la demostración que en respuesta a los niveles de grasa se activa y madura un eje neuroendocrino que activa la maduración sexual en la mosca Drosophila melanogaster y que dicho eje causa obesidad cuando se inactiva, pero puede rescatarse con la hormona humana Leptina, lo que demuestra conservación de los procesos. Además, hemos reportado que hormonas producidas por el cerebro pueden remodelar el tamaño de los órganos adultos como el intestino para sostener las altas demandas energéticas de la reproducción.

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