Un estudio del Instituto de Neurociencias CSIC-UMH identifica un mecanismo clave del dolor crónico causado por lesiones nerviosas
24 de julio de 2026
-El trabajo demuestra que la proteína Piezo2 desempeña un papel esencial en la hipersensibilidad mecánica en un modelo de neuropatía periférica en ratones causada por la constricción de un nervio.
-La investigación, publicada en PAIN, abre la puerta al desarrollo de nuevas terapias dirigidas al tratamiento del dolor neuropático, una de las formas más comunes e incapacitantes de dolor crónico
Video YouTube: https://youtu.be/y_pp9ja60UQ

Foto: Elvira de la Peña, Marina Villaró, Ana Gomis, Félix Viana y Jorge Fernández Trillo, investigadores del IN CSIC-UMH.
El dolor provocado por la presión o el simple contacto es uno de los síntomas más frecuentes entre las personas que sufren dolor crónico, pero los mecanismos biológicos que lo desencadenan siguen siendo poco conocidos. Ahora, un estudio desarrollado por el laboratorio Transducción Sensorial y Nocicepción del Instituto de Neurociencias (IN), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), ha logrado esclarecer uno de los procesos implicados en este tipo de dolor. El trabajo, publicado en la revista PAIN, demuestra que Piezo2, una proteína presente en las neuronas sensoriales, desempeña un papel fundamental en la hipersensibilidad mecánica asociada al dolor neuropático.
Este trabajo se ha centrado en un grupo específico de neuronas sensoriales del sistema nervioso periférico, conocidas como nociceptores MrgprD. Estas neuronas expresan niveles elevados de Piezo2, un sensor mecánico que permite detectar estímulos físicos como la presión. Esta proteína pertenece a una familia de canales iónicos implicados en el sentido del tacto cuyo descubrimiento fue reconocido con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2021 para los investigadores David Julius y Ardem Patapoutian.
“El dolor mecánico es uno de los síntomas más incapacitantes en muchos pacientes con dolor crónico, pero todavía conocemos poco sobre cómo se origina a nivel molecular”, explica la investigadora Ana Gomis, que ha liderado el estudio. “Nuestros resultados muestran que Piezo2 es un elemento clave para que determinadas neuronas sensoriales desarrollen esa respuesta exagerada al dolor tras una lesión nerviosa”, añade la experta.
Un “interruptor” molecular del dolor
Para entender la función de Piezo2, los investigadores desarrollaron un modelo de ratón en el que eliminaron este canal iónico exclusivamente en las neuronas MrgprD. Gracias a esta estrategia, el equipo pudo analizar qué ocurría con la capacidad de detectar los estímulos mecánicos cuando los nociceptores Mrgprd no expresaban el canal Piezo2.
Los experimentos demostraron que, sin Piezo2, las neuronas MrgprD prácticamente dejaban de responder a la presión mecánica. Además, cuando los animales sufrían una lesión nerviosa similar a las que provocan dolor neuropático en humanos, su hipersensibilidad al dolor disminuía significativamente. “Vimos que Piezo2 no solo participa en la detección de estímulos mecánicos dolorosos, sino que además resulta crucial en la hipersensibilización mecánica que se produce tras una lesión”, señala Jorge Fernández Trillo, primer autor del artículo.

La imagen muestra neuronas sensoriales implicadas en la percepción del dolor. Los colores permiten identificar dos moléculas diferentes: MrgprD (magenta) y Piezo2 (verde), una proteína relacionada con la detección de estímulos mecánicos. Las células que aparecen en ambos colores expresan ambas moléculas. Fuente: PAIN.
Para inducir este estado de dolor neuropático, el equipo utilizó un modelo experimental basado en una lesión crónica del nervio ciático. Posteriormente, evaluaron la sensibilidad de los ratones aplicando estímulos mecánicos de distinta intensidad sobre la piel y analizaron tanto su comportamiento como la respuesta de las neuronas sensoriales. Para ello, utilizaron técnicas de imagen de calcio in vivo, que permitieron observar la actividad de cientos de neuronas en tiempo real mientras se aplicaban estímulos mecánicos sobre la piel de los animales bajo anestesia.
Los resultados mostraron que las neuronas MrgprD responden principalmente a estímulos mecánicos intensos y potencialmente dañinos, pero apenas reaccionan ante un suave contacto como una caricia o el roce de un pincel. Tras la lesión nerviosa, estas neuronas mostraban una respuesta significativamente mayor a los estímulos de alta intensidad, un fenómeno característico de la hipersensibilidad al dolor crónico. Sin embargo, este aumento desaparecía casi por completo en ausencia de Piezo2.
“Estas técnicas nos permitieron observar directamente cómo cambia la actividad neuronal durante el dolor neuropático”, explica Fernández Trillo. “Cuando eliminábamos Piezo2, las neuronas dejaban de mostrar esa respuesta exagerada que caracteriza la hiperalgesia mecánica”, destaca el investigador.
Además de alterar la sensibilidad al dolor, la ausencia de Piezo2 también modificó parcialmente la organización de las fibras nerviosas en la piel. Los resultados apuntan a que este canal podría desempeñar un papel adicional en la estructura y la distribución de las terminaciones nerviosas sensoriales.
El dolor neuropático afecta a millones de personas y suele manifestarse como una respuesta exagerada al contacto o a estímulos mecánicos cotidianos. En este contexto, los autores destacan que este hallazgo podría contribuir al desarrollo de nuevas terapias frente a este tipo de dolor, que en muchos casos responde mal a los tratamientos actuales. Además, dado que las neuronas estudiadas se encuentran en las capas más externas de la piel, Piezo2 podría convertirse en una diana especialmente accesible para futuros tratamientos locales. “Aunque todavía queda mucho trabajo por hacer, nuestros resultados identifican a Piezo2 como una posible diana terapéutica para reducir el dolor mecánico crónico”, apunta Gomis.
Piezo2 mediates mechanical sensitivity and injury-induced hypersensitivity in MrgprD-expressing nociceptors. Fernández-Trillo, J., Villaro-Capellán, M., de la Peña, E., Viana, F. & Gomis, A. PAIN (2026) 167(6):1404-1416
Este estudio ha sido posible gracias a la financiación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la Agencia Estatal de Investigación (AEI), el programa PROMETEO de la Generalitat Valenciana, el Programa Severo Ochoa para Centros de Excelencia, el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) "Una manera de hacer Europa" y el International Center for Aging Research (ICAR).
Fuente: Instituto de Neurociencias CSIC-UMH (in.comunicacion@umh.es)
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